En el extremo norte de las Cinco Villas, a solo unos pasos de Navarra y a 672 metros de altitud, Lobera de Onsella es un pequeño municipio de apenas 25 habitantes que guarda intacta la esencia de los pueblos de montaña: piedra, silencio y autenticidad.
Asentado sobre una loma en el valle del río Onsella, el caserío medieval de Lobera —con calles estrechas, aleros tallados y escudos heráldicos— parece detenido en el tiempo. Lo corona la iglesia de la Asunción, del siglo XVII, y lo acompaña la necrópolis medieval del Cerro de San Miguel, con tumbas verticales únicas en la península.
Pero si algo define a Lobera es su entorno natural privilegiado. Rodeado por la Sierra de Santo Domingo, la Sierra de Lucientes y la Sarda, este rincón del Prepirineo es un paraíso para los amantes del senderismo, la micología y la observación de fauna. Sus bosques de pino y encina están protegidos como ZEPA y LIC, lo que garantiza la conservación de su rica biodiversidad.
Además de su naturaleza, la cultura también late en Lobera. Su tradicional Rito del Herniado, ligado a la noche de San Juan, ha sido recuperado con fuerza desde 2004, convirtiéndose en un punto de encuentro anual entre vecinos, descendientes y visitantes.


















